El músico es una de las pocas profesiones (tal vez la única) que pasa tiempo considerable a solas con el maestro de instrumento. A veces desde temprana edad a los pequeños músicos se les da clase en un salón cerrado a veces con un maestro del sexo opuesto. Más allá de las implicaciones para el infante que veremos después quisiera centrarme en un recurso que tenemos todos los seres humanos para aprender: la imitación.Desde que somos pequeños imitamos, a mamá, a papá, hermanos, maestros y compañeros de escuela; es inevitable, es parte de la socialización y del proceso de aceptación del clan. Para el músico no es diferente ya que a veces mal entiende la relación con su maestro de instrumento y sus colegas como si fueran papá, mamá y hermanos “papá musical” o “mamá musical” les dicen y hasta he escuchado que los maestros de los maestros son los “abuelos musicales”. Si esto se quedara en sentido figurado o como una simple metáfora sería hasta lindo pero la verdad es que no es así. El músico siente que los alumnos de otros maestros son sus rivales y que no son sus “hermanos” de técnica. Si el maestro es maduro y sabe que los alumnos (ojo que no escribir “sus” alumnos) no son como sus hijos entonces sabrá guiarlos con una buena relación entre ellos, si no cometerá abuso porque sabe que después de todo la relación de un progenitor hacia un hijo es de poder. Con este contexto es fácil que el músico imite en un principio al maestro/a de instrumento, en los inicios no hay de otra, hay que copiar el fraseo, sonido, movimientos, digitaciones, respiraciones, arcadas, forma de agradecer en el escenario. Todo es parte de un aprendizaje. Sin embargo, mientras más vas avanzando es responsabilidad del maestro ayudarte a encontrar tu propio sonido, tu propia esencia, tu propio maestro interno. Como dicen por allí “cortar el cordón umbilical” y empezar a ser quien realmente eres, a frasear como tu entiendes la obra y a decidir las respiraciones, digitaciones, cómo entras al escenario, cómo te preparas, etcétera. En un escenario ideal se trata de que salgas siendo tú, con tu esencia, errores y virtudes, desafortunadamente muchos músicos jamás trascienden a la relación mal entendida alumno-maestro (hijo-padre) y continúan imitando a su “progenitor/a”. Siguen interpretando como ellos, visten igual, dicen sus mismos chistes, sus mismas frases, siguen yendo a clases porque no sienten capaces de seguir solos y sobre todo se vuelven una copia del original. Un ejemplo son los alumnos del gran maestro Serguei Celibidache quien tenía una técnica suprema y una escuela con gestos muy particulares. A Celibidache se le veía bien porque era él, muchos de sus alumnos se convirtieron en copias y no se sabe realmente quien está tomando las decisiones. La relación con el maestro de instrumento es especial sin embargo no debe de pasar su límite. Es bueno imitar para empezar pero es un medio no un fin. Encuentra tu propia escencia.
Desde mis propias imitaciones hacia mis maestros Guillermo Dalia y Mauricio WeintrubEdu
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