
Hoy dejamos Orizaba, una ciudad bella que no estaba planeada visitar y que nunca olvidaremos por todo lo que sucedió aquí. Como mexicano estoy satisfecho con la impresión que se llevan de mi país los músicos de todo el continente. La estancia simplemente fue excepcional, desde que veníamos llegando de Puebla pudimos ver el Citlaltépeltl (Citlali =estrella) (tépetl =cerro) las ciudades se veían diminutas desde arriba como si viniéramos bajando de un avión. Desde que llegamos al hotel el personal nos recibió muy hospitalariamente, los meseros nos trataron como príncipes y el chef nos hizo comer como reyes. Por nuestra parte nosotros disfrutamos la “alberca” (léase piscina para Sudamérica jajajajaa) el pasto, la hermosa vista de los cerros y los volcanes al despertar en la mañana.
Mi experiencia en el concierto que ofrecimos fue diferente en varios aspectos, pude observar la quietud del público orizabeño quienes se comportaron de una manera intachable gustosos de escuchar la música de concierto. Al terminar el evento y como usualmente pasa en los lugares donde nos presentamos la gente pedía autógrafos sobre todo a las personas que parecen menos mexicanas. En todas las personas pude ver un gesto de sonrisa, amabilidad y admiración por todos los músicos que participaban. Estuvimos muy contentos de que las autoridades del municipio nos recibieron con los brazos abiertos y se pudo realizar un concierto no programado. Pero lo mejor estaba por venir.
